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Amor en Lota

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Amor en Lota, obra escrita por director y dramaturgo local Nelson Oyarzúa, se presenta a través de la compañía penquista Perro muerto. Resulta interesante, porque es dramaturgia joven de la zona del carbón. Obra ganadoras de la IX Muestra de Dramaturgia el 2003. En su corta historia ha cosechado pergaminos así como también ha sido montada por el Teatro Nacional.

Heridas de boxeo
La Ruth revisando al Baldomero

La primera vez que pude verla, sólo puede hacerlo por cinco minutos, en un momento que tuve que entrar a la Sala Andes cuando ya había comenzado y en que no podía quedarme. Quedé enganchado con lo que vi, tanto por la puesta en escena como por las actuaciones. La siguiente presentación se realizó en la Sala Artistas del Acero (O'Higgins 1255) a fines de enero. Imperdible.

Amor en Lota
Panorámica con el Baldomero

Amor en Lota es una obra que explora el conciente, inconciente y acciones de las relaciones humanas de forma sutil. Podría ser la historia detrás de muchas noticias que se pueden encontrar en toda crónica roja, que nos ayuda a no olvidar la perspectiva humana detrás de las situaciones que conducen a los hechos, sean éstos voluntarios o involuntarios.

Tres músicos se encargan de ambientar ciertas escenas de la obra. Desconozco si la composición es propia, pero es encantadora y pegajosa y matiza bien la obra. Muestra que es un elemento importante en una obra. Siento, sin embargo, que aún no han explotado todo lo que puede dar. Una vez concluida la obra, incluso podría a dar un mayor espacio de reflexión.

La potencia de la iluminicación me pareció que es más tenue en la Sala de los Artistas del Acero que en la Sala Andes, y afecta las fotografías que se pueden tomar. Quizás demasiado cargado al ámbar y al rojo.

En la puesta en escena los antecedentes se van presentando lentamente, hasta llegar a un punto en que como espectador uno está tan sorprendido por los hechos como los personajes de la Ruth y el Baldomero, y va descubriendo con ellos el desenlace. El tiempo pasa volando, a pesar que la obra tiene una duración que se encuentra entre 1' 10" y 1' 20".

A la fecha, la obra lleva poco tiempo de montada, por lo que es posible esperar más presentaciones durante el 2009. Hay que ver esta puesta en escena (no es recomendable llevar infantes).

Más fotos de Amor en Lota.

Las últimas 4 semanas han sido agotadoras, entre el trabajo, ensayo para dos obras de teatro (a mediodía y luego al atardecer), con jornadas de 08:30 a 22:30 en forma contínua, más los sábados de ensayo, preparación de utilería y otros materiales al llegar a casa o los domingos. Lo que todo se traduce a 1 hora 15 minutos (apróx) de obra.

Finalmente hoy estrenaremos la obra «El lugar donde mueren los mamíferos» de Jorge Díaz, que como toda obra del teatro del absurdo, tiene su crítica a la sociedad y al individualismo humano con una dosis de humor negro. El texto es ameno y ágil, así que espero que la presentación tenga un buen ritmo, lo que ya depende de nosotros. También tiene algunas modificaciones, así como una orientación hacia la farsa.

Esta vez me corresponde abrir y cerrar la obra. Estoy en teatro desde hace 14 años y es la primera que tengo dicha responsabilidad. Abrir una obra requiere enganchar al público con la historia que contaremos, y luego la responsabilidad es de todos para no dejar que se distraigan. Y cerrar una obra, requiere un buen remate, para que en el público quede claro que ha terminado (lo que no siempre se logra).

Por otro lado, el Diario el Sur ha cubierto las Jornadas Teatrales durante la semana, y hoy, fueron publicadas dos de mis fotografías en el diario:

María Piedad y Asunta en pelea de perros

La cita será las 19:30 horas en la Sala Andes (Diagonal esquina O'Higgins, acceso por la Diagonal).

Para mí es un privilegio poder leer poemas, cuentos y escuchar canciones de mis amigos. Obviamente, por ser con quienes he compartido gran parte de mi vida, tenemos más afinidades. A su vez, con ellos también tengo retroalimentación sobre nuevas lecturas y nuevos grupos musicales; que no siempre son los más populares. Probablemente, de otra forma no me enteraría.

Hace ya varios meses atrás, cuando estuve en el departamento de mi hermano en Santiago, Tito me dió una copia de uno de sus últimos trabajos («Almas»). Aunque yo le he conocido mejores letras, me gustaron bastante las canciones, con algunas estuve varios días con la melodía en mi memoria. Posteriormente, en otra visita, escuché algunos temas en los cuales él estaba trabajando («Victoria»), del cual digitalicé algunas copias en Ogg Vorbis. Sólo contiene las melodías, y no desconozco como habrá resultado ser el trabajo final; pero me gustan los trabajos en curso, en ocasiones más que la versión final.

En su momento pensé publicar las canciones, pero no lo hice porque es pensé que sería mejor añadirle las marcas de Creative Commons a cada uno de los temas, así como un enlace al lugar donde podría leerse la licencia. Nada difícil, pero que no había hecho. Es más, este mensaje lo comencé a escribir hace varios meses y recién hoy lo he terminado (parte de las actividades que he dejado pendiente).

Lo último que supe, es que mi mamá estaba escuchando Nick Drake y The Kinks.

¿Quién mata la música?

Hace un tiempo quise comprar el último álbum de Depeche Mode «Playing the angel» así como el último álbum de Coldplay «X&Y». Lamentablemente, comprar un CD original de música ya no es tan fácil como antes. Antes uno podía comprar un CD con la certeza que lo podría escuchar en cualquier reproductor de CD, incluyendo aquellos de los computadores, sin importar el sistema operativo de por medio y con la seguridad que sólo contendría música.

En cambio, hoy en día, algunos CD vienen con sistemas de protección contra copias (amparados en la gestión de derechos digitales, conocido como DRM). Y los CD sólo pueden ser escuchados bajo ciertas condiciones y no en todos los reproductores. Así, los CD's que quería comprar imponen restricciones que hacen imposible que pueda escucharlos en cualquier lugar, en cualquier reproductor. Es más hacen alusión (en letra pequeña o muy pequeña) explícita de sistemas operativos y versiones de éstas en las cuales funciona, así como la imposibilidad de poder escucharlos a través de reproductores de CD's convencionales.

Por otra parte, gran parte de mi colección de CD's la he digitalizado en algún formato como Ogg Vorbis, que resulta más cómodo. Aún así, me gusta escucharlo del material original de cuando en cuando. Tampoco falta que algún CD tiene partes que han resultado dañadas por algún accidente o préstamo. No necesito ahondar en detalles aquí.

Lo peor, es que en estos casos y en aquellos donde la letra no estaba clara, el vendedor de turno no era capaz de aportar ninguna información extra. Después de preguntar en varios lugares y leer información con restricciones adicionales, me di por vencido.

Así que busqué el listado de canciones de cada álbum y procedí a descargarlos de una red P2P.

Hay otros sistemas de protección que no son tan inocuos. Incluso ni siquiera aparecen mencionados como aviso al consumidor. Famoso es el caso de rootkit que instalaba un CD de Sony-BMG que se encuentra detalladamente documentado, que además cambiaba el comportamiento del computador.

Lo que yo pude haber desembolsado por estos dos CD's, no cambiará la fortuna de estos artistas. Pero que no vengan las discográficas a vocifear que se está matando la música con las descargas; porque habiendo personas, como yo, que queriendo comprar un CD original no lo pueden hacer con las garantías mínimas que merece un consumidor.

En otra arista del mismo tema, Claudio Ruiz, uno de los abogados detrás de Derechos Digitales, comenta que la ley del consumidor otorga a derecho para exigir el correcto rotulado de los productos; lo cual se aplica en esta situación. Esto es, a propósito de una inciativa de parlamentarios británicos quienes persiguen que los CD's con restricciones lleven una etiqueta llamativa que indique que el producto puede presentar problemas de reproducción; análogamente a lo que sucede en la exigencia de rotular las cajetillas de cigarro y mantener al consumidor informado de la calidad del producto que adquiere.

Actitudes como la Sony-BMG debieran ser tipificadas como ilegales y eso, al menos, persiguen los parlamentarios británicos. Lamentablemente, nuestra legislación va en el sentido contrario, apoyando acciones como la DMCA (directamente relacionado a las acciones legales en que se ampara DRM), lo cual apareció publicado en un artículo de la IEEE Spectrum llamado «Death by DMCA» (y que me enteré gracias a un correo de Alvaro Herrera), en cuya primera página se puede ver:

Now, in an even more vexing situation, U.S. entertainment companies are successfully spreading the copyright code changes established by the DMCA around the world. Laws similar to the DMCA now exist in Japan, Australia, and much of Europe. At least nine additional countries, including Chile, Guatemala, and Singapore have also been pressured to enact DMCA-like laws as part of a devil's bargain with U.S. trade negotiators, who say the copyright change is necessary to secure free trade pacts with the United States that would govern all sorts of commerce. And in Europe, the body charged with defining the European digital television standards is mixing in content-protection obligations, responding yet again to pressure from major U.S. movie studios.

Por cierto, hay un sitio en donde se lleva adelante una campaña anti-DRM, se trata de «Defectuoso por diseño». ¿Qué mejor nombre para retratar lo que es DRM?.

En un principio sólo escuchaba CD's de audio. Aún me gusta escucharlos, pero al desplazarse es mucho más cómodo transportar una mayor cantidad de canciones y álbumes en menos espacio. Y en los artistas que me gusta prefiero disponer del CD y yo digitalizarlos para mi consumo personal.

De los reproductores, el primero que usé fue XMMS. Aún lo tengo instalado en mi equipo, cuando quiero escuchar un tema una sola vez sin necesidad de añadirlo a la biblioteca de canciones de otro reproductor. Sucede rara vez. La razón por la que dejé de usar XMMS fue el muy pobre sistema de reproducción aleatoria. Después de un tiempo, uno se daba cuenta que el orden de las canciones comenzaba a repetirse y que habían canciones que nunca se irían a tocar. Puedo añadir que las tipografías de la interfaz o son muy pequeñas o son muy grandes y que no se integra bien con el resto del escritorio. Pero lo más importante es su reproducción aleatoria, que era muy mala.

Para entonces apareció Rhythmbox, también famoso porque su interfaz cambiaba en cada nueva versión mínima. Tenía mejor sistema de reproducción aleatoria, pero era muy lento para cambiar de una canción a otra al momento de seleccionar «Siguiente». En ocasiones se quedaba pegado y había que terminar la aplicación a la fuerza. Aún hoy en día eso sucede. Además, dejaba un icono en el área de notificación en donde se podía ocultar/mostrar la aplicación, que si bien era cómodo, también era un uso pobre o mal uso del área de notificación.

Luego de la popularidad de Rhythmbox y algunos problemas de comunicación, su autor original comenzó a escribir otra aplicación: Muine. Su interfaz era más agradable, a la vez que añadía la capacidad de buscar las carátulas de los álbumes en Amazon. Muy agradable esa parte. Pero no lo usé mucho, porque no pude acostumbrarme a su método de reproducción en donde uno ordenada por álbumes lo que quería escuchar. Y aunque luego se añadió el método por canciones; no podía decirle: «de este repositorio de canciones, reproduce cualquiera». Tal vez si transmitiera un programa radial, me sería útil poder programarlo de esa manera. No era el caso.

Al error típico de Rhythmbox uno podía culpar a Gstreamer, la biblioteca de audio que utilizaba. Pero luego de descubrir Jamboree gracias a Alvaro del Castillo me dí cuenta que no era problema de Gstreamer, sino de la forma en que se utilizaba. Luego hice mis propios paquetes para Ubuntu, dado que provocaba conflictos con D-Bus. Jamboree no sólo tiene una reproducción aleatoria bastante aceptable, sino que también muestra las carátulas de los álbumes incrustados en los archivos MP3; pero no es capaz de buscarlos en Internet. Al seleccionar «Siguiente» es muy rápido para comenzar la reproducción. No se muestra en el área de notificación, aunque era capaz de enviar notificaciones... utilizando una versión antigua de D-Bus, que para un sistema más moderno era necesario deshabilitar al momento de empaquetas la aplicación.

Así fue que por bastante tiempo usé Jamboree.

Una de las características de los reproductores que más uso es el contador de reproducciones. Me gustaría tener un registro de los temas más escuchados en cada mes. O quizás disponer de dos contadores, uno histórico y otro temporal en donde pueda iniciar una nueva etapa. Me imagino, que como muchos, hay canciones y álbumes que recuerdan un período, un libro, un estado de ánimo, una persona, un hecho. Así es como puedo recordar fechas, sucesos y secuencias. Así también, es que puedo decir que Marisela Santibañez yerra mucho en los datos que entrega en el programa «Los 80's» en Vía X. Los que hayan disfrutado de «High Fidelity» se pueden hacer una idea, aquellos que gustan de un tema por lo que es y no por cuantas veces lo tocan en una radio.

Hasta que descubrí la utilidad que podía tener Last*fm. Entonces busqué un reproductor capaz de comunicarse vía Audioscrobbler. El reproductor envía el tema que escucho a Last*fm y allá quedan almacenamos mis hábitos. Así, puedo utilizar múltiples equipos, múltiples reproductores o recargar las canciones de la biblioteca sin perder esos datos históricos; que siendo bastante sencillos y banales, ¿por qué no almacenarlos?.

Fue que volví a probar Rhythmbox. En menos de 5 minutos me dí cuenta que aún adolecía de los mismos problemas. A la segunda vez que la aplicación dejó de funcionar, reporté el error y dejé de usarlo. Tenía algunas caracterízticas nuevas que vale la pena mencionar. Cada vez que cambia de tema, muestra un mensaje de notificación. Hace un tiempo había pensado en una característica así, para asociar siempre la canción, el albúm y el artista. Sin embargo, al poco tiempo llega a ser molesto (y eso que lo usé alrededor de 5 minutos). Por suerte se puede deshabilitar.

Así es como llegué a Banshee. Que anteriormente también había visto en los anuncios de aplicaciones, pero nunca tomé en cuenta por ser «otro reproductor de música». Pero la versión 0.10.7 me agrada.

Banshee actualiza mis datos en Last*fm, recupera las carátulas de los álbumes, tiene una interfaz simple y agradable. El modo aleatorio es aceptable y tiene una sutileza que los otros no tienen: al retroceder lo hace con el historial de canciones escuchadas, pero al volver a avanzar siempre vuelve a calcular una nueva posición. No sé si durará mucho tiempo así esa implementación de aleatoriedad, aunque creo que es la correcta.

Banshee en acción sin molestar
Banshee

Además de ocultar/mostrar la aplicación con el ícono en el área de notificación, al ubicar el puntero del ratón encima muestra la carátula del álbum, el nombre del tema, el aĺbum al cual pertenece y el artista; así como el tiempo de reproducción (tal cual se muestra en la captura). Mucho más agradable que el esquema de notificación de Rhythmbox, porque en ningún momento se siente invasivo (como en otro sistema operativo que llega a parecer spam).

En contra, puedo comentar que es un goloso de memoria. Para una lista de 1700 canciones puede consumir tanto o más que Firefox (con 15 ventanas) o Evolution (con 200 carpetas IMAP, 200 MB de mensajes y 7 carpetas virtuales). Siempre está entre los 3 programas con más consumo de memoria. Debe perder memoria en algún momento, porque además va en aumento. Otro aspecto desfavorable es el filtro que dispone, el cual es lento en relación a Jamboree. Lamentablemente, tampoco muestra el año de edición del álbum o canción. Para muchos puede ser irrelevante. Para mí no, más aún cuando uno quiere escuchar la discografia de un grupo en secuencia de creación o, simplemente, para comparar la evolución del artista o de sus influencias.

Aunque parezca una obsesión las carátulas de los álbumes no es tal. Si quiero escuchar una canción de un CD de audio, es más fácil encontrarlo. Si un álbum no lo tengo, será más fácil encontrarlo en una disquería, más aún cuando en muchos álbumes no dice el nombre del artista o en muchas ocasiones están mal clasificados. Cuando he tenido la oportunidad de ir a disquerías en otros países, busco aquellos álbumes que son díficiles de conseguir en Chile o que acá resultan muy costosos (para lo que realmente son); y tener una asociación visual ayuda enormemente. No todo es capricho.